Truquiconsejos

Chupete, ¡¿pero qué me pasa contigo?!

chupete

Mi bebé tiene 4 meses y medio y no usa chupete. 

No es que no lo haya querido, es que no se lo hemos ofrecido hasta la fecha. Más bien yo no he querido ofrecérselo. Cuando nació me asustaba tremendamente no conseguir una lactancia materna exitosa. Y como de lo primerito que las enfermeras me dijeron fue que el chupete es el enemigo del pecho, ni me planteé que mi hijo se acercara a uno.

Y lo cierto es que él no lo reclamaba. No le costaba conciliar el sueño y dormía tranquilo, así que no vimos la necesidad. Y así fueron pasando los días, que se han ido convirtiendo en sus meses de vida.

Y conste que compré chupetes, portachupetes y sujetachupetes monísimos. Pero no sé en qué momento les he cogido a los chupetes una especie de odio irracional y vivo el ofrecerle el chupete como una especie de fracaso. Más bien como un fracaso colosal.

Conozco los beneficios del chupete, he leído sobre el tema hasta la saciedad:

  • Calma ansiedades
  • Ayuda a conciliar el sueño
  • Reduce el riesgo de muerte súbita
  • Permite a los bebés estar más tiempo solos

Pero también sus desventajas, y me aterran:

  • Trastornos en el habla
  • Malformaciones en los dientes
  • Sobreutilizarlo no permite al niño expresarse mediante el llanto porque siempre está succionándo para calmarse…

Nuestro pequeño no es un bebé difícil, no es llorón y sentimos que hemos aprendido rápido a comunicarnos bien con él. Pero reclama mucha atención. Esta tranquilo si le hablas, si estás cerquita, si lo mueves, si le bailas… y dormir durante el día no es una opción para él. Por lo que he ido leyendo podría decir que estaría en el grupo de los llamados bebés de alta demanda. Así que no es que se pase el día tranquilo,  pero lo está si estás por él. Y siento que eso es lo que quiero y debo hacer.

Hasta estos últimos días esta necesidad de atención constante no había significado nada especialmente inquietante para mí (excepto algunos momentos de desbordamiento propios de la maternidad). Lo único que me preocupa era que si tardamos un poco en atenderle (porque el momento no nos lo permita) él se pone muy tenso, contrae la musculatura y se le ve muy nervioso, incluso gruñe de la fuerza que llega a hacer. Y eso sí me inquieta, que se tense demasiado o/y que lo pase mal. Pero tengo el tiempo para dedicarme a él, me he cogido este tiempo para él. Así que sentía, y siento, que darle chupete no es por su bien, sino por y para mi tranquilidad; porque él lo que reclama es atención y cariño, y es lo que quiero darle. Por eso me resistía (y resisto) a dárselo.

Cuando alguna vez se ha puesto más nervioso he llegado a pensar que, total, ya tiene 4 meses, de aquí a los mordedores no queda nada. Así que para qué voy a darle chupete a estas alturas… Sentía, y siento, que los beneficios que puede ofrecerle el chupete puedo, y debo, ofrecérselos yo. Pero ha llegado un momento que ya no sé si le es suficiente y que, a su vez, siento que no le permito tampoco tener un mínimo espacio suyo (teniendo muy claro que es un bebé). Y que provoco que, si no estoy yo porque he salido por algún motivo (le doy el pecho así que muy lejos nunca estoy) nadie tiene como calmarlo porque no hemos creado ninguna alternativa a darle el pecho.

Tenemos algo precioso que me hace sentir afortunada y egoísta a la vez: sólo yo puedo calmarlo. No sé si es así con todas las mamás, es mi primer hijo y seguramente sería distinto a otros aunque él no fuera el primero. Sólo sé que es así. Cuando está muy nervioso sólo mi pecho lo calma. Y sólo en mi pecho se duerme.

Estas últimas semanas, no sé si por el calor, porque tiene ya 4 meses o porque motivo pueda ser ha estado especialmente más tenso, reclamando más atención, más nervioso… Y me debato entre seguir calmándolo con atenciones y pecho, o si sería más justo que el tuviera algo con lo que tranquilizarse: mi (no sé porqué) odiado chupete.

Mis dudas me han llevado preguntar a su pediatra y enfermera si debemos dárselo. Y digo mis dudas porque su padre se lo daría, pero intentamos acordar este paso y darlo con el convencimiento de los dos.Los profesionales, claro está, nos dicen que lo probemos; pero ellos no conocen a nuestro hijo y es una decisión que no quiero dejar en manos de otros. Aunque nuestro pediatra es un tanto reticente, y dice que incluso si se chupara el dedo (que lo hace a veces, cualquier dedo o el puño) el chupete no sería garantía de que dejara de hacerlo, cuestión de temperamento nos dijo. Seguramente preguntaba esperando un: “ahora ya no se lo des, no vale la pena a los 4 meses.”

No sé porque motivo he demonizado los chupetes. Veo a los chupetes como el enemigo de mi pecho y de nuestro vínculo. Como algo que me distanciará de mi pequeño. Me lo imagino como esos niños que no se lo quitan de la boca para nada y me da urticaria. Pienso en lo difícil que es para algunos dejarlo y me da mucha pena. A la vez pienso que quizá se tensaría menos, o que se dormiría con más facilidad. Y mis dudas y mis miedos siguen ahí, enmarañados, y yo sigo sin encontrar respuesta. Y mi marido sigue reservando la opción y respetando mis tiempos. Y hablo de mis tiempos porque, sin duda alguna, los de nuestro hijo siempre son los que marcan el ritmo.

Quizá lo más respetuoso sería permitirle a él escoger. Ofrecerle el chupete y que él sienta si es una opción a estar tranquilo, y de ahí aprender juntos a regular su uso. Y, de ahí, ir entrenándome yo a regular mis miedos de mamá porque, amiga, esto acaba de empezar.

¿Cómo ha sido vuestra experiencia con él chupete? ¿Me echáis un cable? SOS.

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